¡Esta crisis nos viene bien!

30 abril, 2014 / Blog / 0 Comments /

La palabra crisis proviene del vocablo griego krino y significa evaluar, juzgar o decidir. Según Justo Villafañe, Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, una crisis es “un acontecimiento aleatorio, no deseado, pero bastante frecuente de lo que en principio podría pensarse”. Sin embargo, otra etimología del mismo término y proveniente del chino establece el mismo ideograma y que representa crisis y oportunidad.

Efectivamente, para nosotros una crisis es un compendio de las diferentes acepciones establecidas antes. En muchas ocasiones, una crisis supone un punto de inflexión en el trascurso habitual y rutina de una empresa. Conducir las respuestas y reacciones entre el tumulto de informaciones cruzadas que se genera no es tarea fácil y afrontar los pasos correcto y directrices que se han de llevar a cabo de forma ordenada es una de las principales complicaciones.

Muchos son los casos en los que una crisis de empresa ha saltado a los medios y ha supuesto un hito en la historia de la misma, ya sea por una correcta o bien una nefasta gestión.

En estos casos el silencio es uno de los principales errores y, en todo caso, puede generar más ruido informativo o pasar a un plano más delicado como puede ser un juicio social.

Son muchas las ocasiones en las que hemos visto como un conflicto empresarial ha pasado al plano social, convirtiéndose en trending topic. Las campañas de desprestigio, son varapalos importantes para la imagen de la empresa a nivel interno como, por supuesto, a nivel externo. Sonado fue el caso de la crisis de los controladores aéreos del año 2010, en el que pudimos ser testigos de varios hechos que pasarán a la historia de España. Analizando desde un plano social, muchos españoles sufrieron las consecuencias de esta crisis, perdiendo días de vacaciones en un puente en el que se preveían más de 650.000 desplazamientos y que dejó en tierra en torno a 4.500 vuelos. Ya de por sí, se dio pie a un juicio social en el que se pedía la cabeza de los responsables que provocaron el primer estado de alarma de la historia de la democracia española.

Por otra parte y desde el punto de vista de comunicación, supuso una auténtica demostración de gestión de crisis siendo testigos de infinitos cruces de informaciones por parte de los organismos involucrados, campaña de desprestigio por parte del gobierno hacia el sector de los controladores, acciones desarrolladas y respuestas comunicativas, etc… y todo ello con una presión social importantísima que hizo que esta crisis llegase a prácticamente todas las esferas de la población.

En definitiva, una mala gestión de una crisis supone una fractura en la imagen y en la trayectoria de la marca, por lo que una correcta gestión, monitorizar las informaciones al segundo, medición de los mensajes, elección de los correctos canales donde verter esta información y la elección de los portavoces adecuados puede marcar las directrices para los años venideros de la empresa. No se debe desaprovechar una buena crisis para realizar una labor de autocrítica, análisis interno de las debilidades y fortalezas desarrolladas durante estas y observar la respuesta de la empresa. Podemos aprender mucho y debemos aplicar los cambios pertinentes para mejorar día a día de los errores y los aciertos cotidianos.


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